“Hay un indicador básico de salud que aumenta el riesgo de deterioro cognitivo”


Un buen cuidado del cuerpo necesita una visión integral. Por eso, cada vez surgen estudios más claros y contundentes sobre la relación entre diferentes indicadores de salud. Una de estas conexiones potente y poco difundida es entre el corazón y un envejecimiento cerebral saludable.
Como publicó Rhonda Patrick, doctora en ciencias biomédicas, en su canal de Youtube: “La hipertensión no es solo un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares. También aumenta el riesgo de deterioro cognitivo, incluyendo la demencia y la enfermedad de Alzheimer”.
De acuerdo a su visión, “Cuanto antes se desarrolla la presión arterial alta, mayor es el riesgo a largo plazo. También importa la exposición acumulada. La presión arterial crónicamente elevada afecta el flujo sanguíneo cerebral y la entrega de nutrientes a las neuronas, acelerando la atrofia cerebral y, a largo plazo, la neurodegeneración”.
Por otro lado, agrega que “el aumento de la presión sanguínea daña el sistema vascular. Esto está directamente relacionado con un menor flujo de oxígeno y sangre al cerebro, impactando en el envejecimiento cerebral”.
Como protección para el cerebro y el corazón, en una conferencia durante el Festival de Longevidad 2023 de la Academia Estadounidense de Medicina Antienvejecimiento, Patrick enfatizó sobre la importancia de hacer ejercicio físico.
Su sugerencia fue seguir una rutina intensa. “El ejercicio vigoroso mejora la salud cerebral, ya que aumenta la producción de BDNF, una proteína esencial para la flexibilidad cerebral y la agudeza mental”.
“Cuando nos ejercitamos lo suficiente como para elevar nuestra frecuencia cardíaca hasta aproximadamente el 80 % de su máximo, nuestro cuerpo produce lactato. Este ayuda a incrementar los niveles de BDNF, con lo cual se fortalece la capacidad del cerebro para abordar nuevas tareas y recordar información. Algo que cobra mayor importancia con la edad”, dijo Patrick en esa ponencia.
Aunque la advertencia es que la intensidad debe estar regulada según las posibilidades físicas y riesgos de cada persona. Además, siempre es importante tener un apto físico y hacer las prácticas bajo supervisión profesional.
Como meta general, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de la Clínica Mayo recomienda realizar por los menos 30 minutos de actividad física moderada todos los días.
La salvedad es que, tal como indica el informe, para bajar de peso, mantenerse o alcanzar metas específicas, es posible que sea necesario reforzar la rutina.
Por otra parte, el mismo texto sugiere que es importante reducir el tiempo sedentario. Cuantas más horas estés sentado cada día, mayor será el impacto negativo en la salud y la longevidad.
Si no se cuenta con tiempo para una rutina extensa, la nota de la Clínica Mayo recomienda hacer pequeñas caminatas en el lugar. “Cualquier actividad es mejor que ninguna. Lo más importante es incorporar la actividad física al estilo de vida”, dice el texto.
Por otra parte, en el podcast Diary of a CEO, tal como replicó El Confidencial, la prestigiosa investigadora destacó el rol de las vitaminas, minerales y suplementos nutricionales.
Entre ellos, destaca el magnesio. De acuerdo a sus investigaciones, las personas que presentan déficit tienen mayor aceleración del envejecimiento.
Los niveles adecuados de vitamina D, por otra parte, puede reducir hasta un 40% el riesgo de desarrollar demencia, ya que funciona como una verdadera hormona celular.
En tanto, la creatina, usualmente asociada al rendimiento físico, ingerida en personas que siguen entrenamientos de fuerza, mejora la cognición y potencia el rendimiento mental incluso bajo fatiga.
Fuente: www.clarin.com



